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El problema del fundamento último

Platón, en sus Dialogos, propone una estructura teórica basada en la existencia de ideas o formae universales. Según su concepción idealista, estas ideas son las verdaderas realidades detrás de las apariciones sensibles y son el fundamento último del conocimiento y el ser. Por ejemplo, en el “Teeteto”, Sócrates dialoga con Teeteto sobre la definición del conocimiento, argumentando que todo conocimiento se basa en ideas innatas y eternas, lo que sugiere la existencia de un fundamento último en las ideas platónicas. La centralización de estas ideas implica que todo conocimiento puede ser razonado a partir de ellas, proporcionando un pilar inmutable desde el cual explicar la realidad del mundo sensible.

Sin embargo, Aristóteles, en su obra “Metafísica”, cuestiona severamente la tesis platónica de las formae universales. En lugar de buscar un fundamento último fuera del mundo sensible, Aristóteles sostiene que las entidades reales son aquellas que existen en el mundo sensible y pueden ser descritas por sus propiedades concretas y cambios. A diferencia de Platón, quien ve la realidad fundamental como esencial y abstracta, Aristóteles argumenta que la verdad se encuentra en lo concreto y en los procesos dinámicos del universo. En el libro XI de su Metafísica, sostiene que todo esporádico (accidental) puede ser explicado en términos más fundamentales que son necesarios para comprenderlo; sin embargo, estos fundamentos deben ser investigados y no pueden ser simplemente impuestos desde afuera como lo hacen los platónicos. Esto sugiere un rechazo a la idea de buscar un fundamento último en el ámbito idealista del mundo de las ideas.

Esta diferencia entre Platón y Aristóteles es significativa porque representa una división fundamental en la filosofía occidental que persiste hasta nuestros días. La crítica de Aristóteles a la existencia del fundamento último impulsa un enfoque más empírico y pragmático del conocimiento, centrándose en lo real como el punto de partida del pensamiento. Este cambio de paradigma, aunque no rechaza el concepto mismo de un fundamento, busca un enfoque diferente: uno que es aterrizado y basado en la experiencia.

La controversia entre estos dos filósofos se profundiza con la obra de Tomás de Aquino, quien intenta reconciliar ambas perspectivas. En su “Summa Theologica”, Tomás reconoce la existencia tanto del universo sensible como del mundo ideal, buscando un fundamento último que sea consistente con la fe católica y la lógica aristotélica. Argumenta que el primer principio, el acto de ser o God, es lo único que puede proporcionar un fundamento incontestable al conocimiento y la existencia. Este argumento se basa en la idea de que si todo lo que existe tiene una causa superior, finalmente debe haber algo que no tiene causa alguna; esa cosa sería el primer principio.

Tomás reformula así la búsqueda del fundamento último, restringiendo el concepto a un ámbito teológico que reconcilia la razones racionalistas y empiristas. Sin embargo, este cambio también genera nuevas cuestiones: si el fundamento último es un ser trascendente, ¿cómo se puede justificar su existencia sin recurrir al circularismo o la simple fe? La respuesta de Tomás es que esta cuestión está fuera del alcance del filósofo, quien debe aceptar la revelación divina en la medida en que sea consistente con las leyes de la razón.

La controversia y los intentos de reconciliación entre estos pensadores son cruciales para entender el desarrollo de la filosofía occidental. La negativa a un fundamento último idealista, expresada por Aristóteles, impulsa una mayor atención al mundo sensible y a su descripción empírica. Este enfoque se vuelve más importante con la Ilustración y el empirismo, que rechazan cualquier idea de realidad innata o trascendente en favor de una comprensión basada en la experiencia directa.

En conclusión, el problema del fundamento último ha estado intrincado desde sus orígenes filosóficos hasta la contemporaneidad. Las discusiones entre Platón y Aristóteles han definido las direcciones principales de la filosofía occidental, con una fuerte controversia sobre si el conocimiento puede basarse en ideas abstractas o en lo concreto del mundo sensible. Este debate ha llevado a los intentos de reconciliación, como aquellos de Tomás de Aquino, pero también ha abierto nuevas preguntas acerca del origen y la naturaleza del conocimiento. La búsqueda continua de un fundamento último refleja tanto el deseo humano de comprender el mundo desde una perspectiva ontológica y epistemológica incontestable, como las limitaciones inherentes a cualquier tentativa de encontrarlo en términos absolutos.

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– Epicuro — Hedonismo racional
– Sócrates — Método socrático

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