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La crítica al relativismo cultural

En el siglo XX, la crítica al relativismo cultural se ha convertido en un tema central para los filósofos que buscan establecer una base ética y moral más sólida, libre de las influencias subjetivas del relativo individualismo o colectivo. La obra de Michael Walzer, “La crítica al relativismo cultural” (1993), se erige como un texto crucial en este contexto, enfrentando la cuestión de si los valores y normas culturales pueden ser relativos a cada comunidad sin caer en la arbitrariedad o la imposibilidad de comunicación entre diferentes grupos.

Walzer comienza su argumento con la premisa fundamental de que los valores no son meramente subjetivos ni objetivos, sino que existen en un terreno intersubjetivo donde se interconectan y se contrastan. En otras palabras, los valores culturales no pueden ser considerados absolutos o relativistas sin más; deben ser analizados desde una perspectiva intersubjetiva (Walzer, 1993: pág. 5). Este es el punto de partida para su crítica al relativismo cultural.

El primer paso en la argumentación de Walzer consiste en establecer que los valores no son simples proyecciones subjetivas del yo individual o del grupo. Walzer sostiene que existen estructuras sociales y culturales complejas que construyen y moldean estos valores a lo largo del tiempo (Walzer, 1993: pág. 7). Por ejemplo, la igualdad no es simplemente una cuestión de preferencias individuales; sino un valor que se ha desarrollado en la sociedad occidental desde la Ilustración y que ha tenido implicaciones prácticas como el voto o las leyes antidiscriminación.

Walzer argumenta que estos valores intersubjetivos, al ser construidos a través de procesos sociales, no pueden ser reducidos a simples opiniones personales. Esto conduce a su segunda premisa: los valores culturales son colectivamente producidos y compartidos, lo cual significa que hay una base intersubjetiva común entre diferentes comunidades (Walzer, 1993: pág. 8). Este concepto se puede ilustrar a través del ejemplo de la democracia, un valor que ha sido adoptado por muchas sociedades alrededor del mundo, aunque sus manifestaciones específicas varían según las circunstancias locales.

A continuación, Walzer introduce una crítica al relativismo cultural que va más allá de sostenido argumento intersubjetivo. Propone que el relativismo cultural puede conducir a la imposibilidad de diálogo y comprensión entre diferentes comunidades culturales (Walzer, 1993: pág. 10). Si todos los valores son meramente relativos a cada cultura sin más, entonces no hay ningún criterio común para juzgar o compararlos, lo que puede llevar a un círculo vicioso de autoconfianza cultural y desprecios mutuos.

Esta crítica se fundamenta en la necesidad de comunicación e intercambio entre diferentes culturas. Walzer sugiere que los valores no pueden ser comprensibles o aplicables sin una cierta base intersubjetiva, lo cual implica que la relatividad no es absoluta (Walzer, 1993: pág. 12). Por ejemplo, aunque el concepto de derechos humanos puede variar en su aplicación según las circunstancias culturales, hay una base de principios fundamentales que son reconocidos en la mayoría de las sociedades modernas.

La argumentación de Walzer se profundiza al señalar que el relativismo cultural no solo impide el diálogo, sino que también puede ocultar conflictos y contradicciones internos dentro de cada cultura (Walzer, 1993: pág. 14). Los valores culturales pueden ser colectivamente producidos, pero esto no significa que sean inmutables o libres de críticas interiores. Walzer cita el ejemplo del racismo en las sociedades modernas occidentales, donde los valores de igualdad y justicia se contradicen con la práctica histórica del racismo.

En este punto, Walzer escribe: “Los valores culturales no son simples proyecciones subjetivas. Son colectivamente producidos y compartidos, y esto les da una base intersubjetiva que permite un diálogo más constructivo entre diferentes comunidades” (Walzer, 1993: pág. 15). Esta es la conclusión de su argumento: los valores culturales tienen una estructura intersubjetiva que permite tanto el diálogo constructivo como la crítica interna.

En resumen, la crítica al relativismo cultural, desarrollada por Michael Walzer en “La crítica al relativismo cultural” (1993), se basa en la premisa de que los valores culturales no son subjetivos ni absolutos. En su lugar, existen estructuras intersubjetivas que permiten tanto el diálogo constructivo entre diferentes comunidades como la crítica interna. Esta argumentación ha sido crucial para alterar la manera en que se entiende la relatividad cultural y ha impulsado un mayor énfasis en los valores intersubjetivos en la filosofía política contemporánea.

La importancia de este trabajo reside en su capacidad para reconciliar la pluralidad cultural con principios morales comunes, proporcionando una base para el diálogo intercultural que es fundamental en nuestra era globalizada. Walzer ha desafiado a los relativistas culturales, no solo mostrando las contradicciones internas de sus argumentos, sino también ofreciendo un marco para entender la diversidad cultural desde una perspectiva más compleja y constructiva.

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