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El utilitarismo en John Stuart Mill

En el siglo XIX, John Stuart Mill presentó una revisión y defensa del utilitarismo que buscaba superar las críticas más significativas a la teoría propuesta por Jeremy Bentham. Este artículo se centra específicamente en el problema de “el hedonismo doble” que Mill aborda en su texto “El utilitarismo”. El dilema planteado implica que si consideramos tanto el placer como el dolor, ¿cómo distinguimos entre una acción que proporciona un placer superior y otra que también produce placer pero con un beneficio menor? Mill argumenta que esta objeción, aunque aparentemente sólida, se basa en un malentendido del concepto de utilidad.

Mill reconstruye la argumentación del hedonismo doble como sigue: supongamos que dos acciones, A y B, generan placeres iguales pero con diferentes intensidades. Si A proporciona el mismo nivel de placer pero de manera más prolongada o intenso que B, ¿no sería lógico preferir A? Sin embargo, si consideramos que ambas acciones producen un placer equivalente, la elección se vería obstaculizada por la presencia del otro factor (duración e intensidad).

Mill ofrece una respuesta a esta objeción basada en una reformulación de los conceptos utilitarios. Él argumenta que el hedonismo doble no es un problema insuperable, ya que se trata de cuestiones de magnitud y valor intrínseco. Mill sostiene que la intención y la finalidad de las acciones son cruciales para determinar su valor moral, independientemente del placer o dolor asociado.

El central premise de esta argumentación es que el valor de una acción no se reduce a la suma de placeres y dolores generados. Mill propone un segundo principio utilitario que complementa el primero: “Deberíamos buscar aquellas acciones que maximicen tanto la cantidad como la calidad del bienestar”. Esto implica que las acciones deben ser evaluadas en términos de su valor intrínseco y finalidad, no solo en términos de placer o dolor.

La reasoning es así: si una acción produce un mayor bienestar a través de su duración, intensidad o por la consecución de metas elevadas, entonces esa acción será preferible. Mill justifica esta afirmación argumentando que el valor intrínseco se refiere a la propia naturaleza moral del acto, y no solo al efecto secundario de producir placer. Según Mill, acciones como la educación, la ciencia o la filosofía, aunque pueden no generar inmediatamente grandes cantidades de placer, tienen un valor intrínseco que beneficia a la sociedad en el largo plazo.

La conclusion es que esta reformulación del utilitarismo resuelve el problema del hedonismo doble. Mill sostiene que las acciones se deben evaluar no solo por su inmediata capacidad para producir placer, sino también por su capacidad para promover un bienestar más amplio y duradero. Este enfoque permite distinguir entre una acción que proporciona una satisfacción momentánea pero a corto plazo (como la obstrucción de un caño) y otra que produce una mejoría sostenida del estado general de bienestar.

La crítica de Mill al hedonismo doble profundiza el debate en torno al utilitarismo, estableciendo un equilibrio entre los placeres inmediatos y los a largo plazo. Este argumento ha influido significativamente la filosofía moral del siglo XIX y XX. Los filósofos como Henry Sidgwick han llevado estas ideas aún más allá, explorando cómo se pueden integrar las intuiciones sobre el valor intrínseco con una teoría utilitaria más general.

La reformulación de Mill no solo resuelve el problema del hedonismo doble, sino que también inicia un diálogo continuo en torno a la naturaleza del bienestar y su relación con los valores morales. Este debate continúa influenciando la filosofía moral contemporánea, donde se discuten temas como el valor intrínseco de las experiencias, la utilidad de acciones con fines elevados y la importancia del bienestar social a largo plazo.

En resumen, Mill’s reformulación del utilitarismo proporciona una respuesta coherente al problema del hedonismo doble, reconstruyendo el concepto de utilidad para incluir tanto la magnitud como el valor intrínseco de las acciones. Esta obra no solo aportó un refinamiento importante en la teoría utilitaria, sino que también marcó una etapa significativa en el desarrollo de la filosofía moral occidental.

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