Immanuel Kant introdujo el concepto de la “razón instrumental” en sus obras más destacadas. Según Kant, la razón no es un instrumento neutral; al contrario, puede ser dominada por un propósito práctico o finalístico. En su “Cirtica puro del razonamiento”, expone que la razón pura tiene dos funciones principales: la de conocimiento y la reguladora. La primera se ocupa del conocimiento teórico y la segunda, de la acción práctica. La razón reguladora puede ser instrumentalizada para los fines prácticos, distorsionando su naturaleza puramente categórica.
Kant establece que “la razón en sí misma tiene una finalidad y un objeto: el bien puro” (Critica puro del razonamiento). El centralismo de esta afirmación es la idea de que la razón tiene un fin intrínseco, independiente de cualquier objetivo externo. Sin embargo, cuando se instrumentaliza para fines prácticos, su naturaleza pura y categórica puede ser comprometida. Esto implica una distorsión: “La finalidad práctica no sólo no es el objeto de la razón en sí misma, sino que incluso se opone a ella” (Critica puro del razonamiento). Aquí, Kant sostiene que la instrumentalización de la razón para fines prácticos lleva a un conflicto entre lo que es intrínsecamente bueno y lo que es simplemente útil.
Jean-Jacques Rousseau también critica la reason instrumentalizada, pero desde una perspectiva más política y social. En su obra “Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes”, Rousseau argumenta que la civilización y el uso de la razón instrumentalizada han sido responsables de la desigualdad humana. Según Rousseau, en estado de naturaleza, los seres humanos eran igualitarios, viviendo en comunidades simples donde la razón se manifestaba como “sencillez” y “rectitud”. Sin embargo, con la domesticación del lobo y el surgimiento de la propiedad privada, surgió el uso instrumentalizado de la razón. Este cambio llevó a un crecimiento excesivo de las necesidades individuales y al descontento social.
Rousseau sostiene que “la sociedad civil es una asociación por la cual cada uno de nosotros se cede todo el poder de juzgar y castigar todos los casos, en favor del conjunto” (Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes). Esto refleja su argumento de que la razón instrumentalizada, cuando se aplica a la gobernanza social, lleva al abuso del poder y a la opresión. Rousseau critica la idea de que los ciudadanos pueden ser simplemente instrumentos de una máquina política, sugiriendo que la verdadera razón es aquella que promueve la igualdad y el bien común.
La crítica a la reason instrumentalizada no sólo planteó un desafío para la filosofía del siglo XVIII, sino que también influyó profundamente en las discusiones posteriores sobre la naturaleza de la razón y su aplicación. Kant y Rousseau establecieron una línea clara entre la razón pura, categórica e intrínsecamente buena, y el uso instrumentalizado de la misma para fines prácticos. Este debate desencadenó una reflexión más profunda sobre cómo se puede utilizar la razón para promover la justicia social y el bienestar humano.
El conflicto entre Kant y Rousseau en torno a la reason instrumentalizada se refleja en las diferentes direcciones que tomaron sus respectivas filosofías. Mientras que Kant afirma la necesidad de una razón pura e intrínseca, Rousseau pone el énfasis en la equidad social y el bien común. Esta diferencia ha sido fundamental para la evolución del pensamiento moral y político occidental.
En conclusión, la crítica a la reason instrumentalizada es un problema central en la filosofía moderna, que plantea interrogantes sobre cómo se puede utilizar la razón de manera responsable. La preocupación por el uso práctico de la razón ha influido profundamente en la forma en que concebimos la ética y la política, y continúa siendo relevante para las discusiones contemporáneas sobre el papel de la razón en la sociedad.
Lecturas relacionadas
– Jean-Jacques Rousseau — Contrato social
– Montesquieu — Separación de poderes



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